Hay alegría en la Diócesis de Rancagua. La mañana de este lunes 02 de febrero se celebró la profesión solemne de la hermana Liliana del Carmen de la Santísima Trinidad, perteneciente a las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento, en una eucaristía marcada por la gratitud y la esperanza vocacional.
La misa tuvo lugar en el Monasterio de la Divina Providencia de Rancagua y fue presidida por el obispo diocesano, monseñor Guillermo Vera, acompañado por monseñor Horacio Valenzuela, sacerdotes, diáconos y seminaristas, junto a las hermanas adoratrices y numerosos fieles que quisieron acompañar este significativo momento para la vida consagrada en la región de O’Higgins.
En su homilía, el obispo destacó la importancia de la obediencia al Señor y a sus enseñanzas, subrayando que toda vocación nace de la escucha atenta de Dios. “Hoy nos alegramos con usted y damos gracias porque haya sabido escuchar al Señor, se haya dejado seducir por Él y quiera consagrar su vida en esta congregación”, expresó monseñor Vera, dirigiéndose a la religiosa.
La hermana Liliana del Carmen Hernández Acuña, quien tomó el nombre religioso de la Santísima Trinidad, compartió con sencillez su testimonio. “Soy una hermana como todas, soy adoratriz perpetua; todos los días adoramos a nuestro Señor”, señaló, explicando el carisma central de la congregación: la adoración ininterrumpida al Santísimo Sacramento.
Tras casi diez años de vida comunitaria, la religiosa se convirtió en la primera chilena en profesar votos perpetuos en esta comunidad contemplativa. Consultada sobre un mensaje para los jóvenes que sienten inquietud vocacional, animó a no tener miedo. “Servirle al Señor para toda la vida es una bonita decisión. No me siento arrepentida, sino feliz. La vida se entrega con responsabilidad, decisión, esperanza y fe”, afirmó.
Visiblemente emocionada, la hermana expresó que su alegría no es mérito propio. “Doy gracias a Dios, porque Él me llamó y aquí estoy, feliz con mis hermanas”, concluyó.
La Iglesia local recordó la importancia de rezar por las vocaciones sacerdotales y la vida consagrada, especialmente en tiempos donde el testimonio fiel y silencioso se vuelve un signo luminoso para el mundo.

