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Santa cruz FM

La misión de Lihueimo volvió a recorrer hogares y corazones de la comunidad

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Durante una semana, sacerdotes y fieles animaron la vida pastoral de la comunidad con celebraciones litúrgicas, expresiones folclóricas y una profunda espiritualidad en torno a la Virgen del Carmen y el Santísimo Sacramento.

La comunidad rural de Lihueimo, en la parroquia de Peralillo, volvió a dar testimonio de una fe profundamente arraigada al celebrar casi cien años de misiones ininterrumpidas, una tradición que ha marcado su identidad espiritual y cultural, al punto de ser reconocida en los alrededores como el “Lihueimo Católico”.

Estas misiones, iniciadas hace cerca de un siglo con el impulso de la familia Errázuriz, que facilitó la llegada de los primeros sacerdotes misioneros para acompañar a los trabajadores del sector, se han mantenido vivas gracias al compromiso constante de la comunidad.

Este año, la Semana de Misiones comenzó el lunes 19 de enero con una misa de bienvenida a los presbíteros Carlos Yrarrázaval y Claudio Fuenzalida, en una celebración que unió lo religioso y lo patriótico. Fieles a la herencia de sus antepasados, la comunidad integró pies de cueca y cantos preparados para este tiempo misionero.

Las celebraciones se realizaron íntegramente en la capilla de Lihueimo, ubicada a orilla de carretera y dedicada a la Virgen del Carmen. Cada jornada tuvo una intención especial: jóvenes, migrantes, emprendimientos locales, enfermos —con unción incluida— y el sábado, primeras comuniones.

El domingo 25 de enero, jornada culmen de la misión, comenzó a las 9:00 horas con la tradicional bendición de los campos. Jinetes a caballo peregrinaron desde la capilla hasta el Cerrillo de la Cruz, donde se bendijeron los campos en los cuatro puntos cardinales, para luego regresar a la misa celebrada a las 10:30 horas “a la chilena”.

La jornada continuó con actividades folclóricas y, por la tarde noche, una procesión con el Santísimo Sacramento culminó con el Sermón de la Perseverancia, predicado por el padre Claudio Fuenzalida, quien llamó a proyectar durante todo el año una fe viva y comprometida.

Este llamado resonó con fuerza en la comunidad, reafirmando la identidad misionera de Lihueimo como testimonio de esperanza, tradición cristiana y servicio fraterno permanente en la región local.

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