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“La Palabra de Dios no está fosilizada”: catequesis del Papa León XIV sobre la fe viva de la Iglesia.

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En su catequesis sobre la Dei Verbum, el Santo Padre profundizó en la acción del Espíritu Santo, la unidad entre Sagrada Escritura y Tradición, y la misión de la Iglesia de custodiar y transmitir fielmente la fe, reafirmando la vigencia del Concilio Vaticano II.

Según informa Vatican News, en la audiencia general de este miércoles el Papa León XIV continuó su reflexión catequética sobre la Constitución conciliar Dei Verbum, uno de los textos centrales del Concilio Vaticano II, ofreciendo una enseñanza de profundo contenido pastoral y teológico. Ante miles de fieles, el Pontífice subrayó que la Revelación cristiana se sostiene sobre tres pilares fundamentales: la acción permanente del Espíritu Santo, la unidad inseparable entre Sagrada Escritura y Tradición, y la responsabilidad de la Iglesia como custodio del depósito de la fe.

El Santo Padre recordó que la fe cristiana no es un recuerdo inmóvil del pasado, sino una presencia viva, guiada por el Espíritu Santo, que conduce a la Iglesia “hacia la verdad completa”. En este sentido, explicó que el Espíritu no añade nuevas revelaciones, sino que permite una comprensión cada vez más profunda de la Palabra de Cristo, manteniéndola siempre actual y capaz de iluminar los desafíos culturales y sociales de cada época.

Al abordar la relación entre Escritura y Tradición, León XIV insistió en que ambas proceden de una misma fuente divina y forman un único todo ordenado a la salvación de las almas. La Biblia, afirmó, no es un libro aislado, sino el libro del Pueblo de Dios, vivido y transmitido en el seno de la Iglesia. Citando a los Padres de la Iglesia, recordó que la Palabra fue “escrita primero en el corazón de la Iglesia” antes de quedar fijada en los textos sagrados.

El Papa destacó además que la Palabra de Dios no está “fosilizada”, sino que crece y se desarrolla en la vida de la comunidad cristiana. Custodiar el depósito de la fe —enseñó— no significa inmovilizarlo. Inspirándose en san John Henry Newman, explicó que la doctrina se desarrolla como una semilla viva, creciendo desde dentro sin perder su identidad.

Finalmente, León XIV apeló a la responsabilidad de todos los fieles —obispos, sacerdotes, religiosos y laicos— llamados a custodiar la fe como una brújula segura en medio de la complejidad del mundo actual. Una enseñanza que reafirma la actualidad del Vaticano II y su valor como guía para la Iglesia del siglo XXI.

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