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Misa Crismal se realizó por primera vez en Santa Cruz.

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En su homilía, el obispo destacó la importancia de esta celebración como una “fuerte experiencia de ser Iglesia”, subrayando el valor de reunirse como diócesis en torno a la Eucaristía, especialmente al inicio de la Semana Santa.

En un ambiente de fe y devoción, el obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera Soto, presidió la Misa Crismal celebrada este viernes 27 de marzo en la Parroquia La Santa Cruz, de la comuna de Santa Cruz, instancia que reunió a todo el clero diocesano junto a diáconos, religiosos y fieles laicos.

La celebración tuvo lugar el viernes 26 de marzo fuera de la Catedral de Rancagua debido a los trabajos de restauración que actualmente se realizan en ella, lo que permitió además la participación de comunidades cercanas que vivieron por primera vez esta significativa liturgia en esa comuna.

Durante la Misa Crismal se realiza uno de los ritos más importantes del año litúrgico: la bendición de los óleos y la consagración del Santo Crisma, que serán utilizados durante todo el año en los sacramentos del Bautismo, la Confirmación, la Unción de los Enfermos y el Orden Sacerdotal. Asimismo, los sacerdotes renuevan públicamente sus promesas sacerdotales, reafirmando su compromiso de servicio a Dios y a la comunidad.

En su homilía, el obispo destacó la importancia de esta celebración como una “fuerte experiencia de ser Iglesia”, subrayando el valor de reunirse como diócesis en torno a la Eucaristía, especialmente al inicio de la Semana Santa.

Monseñor Vera hizo un llamado a redescubrir la centralidad de la Eucaristía en la vida cristiana, recordando que, tal como enseña el Concilio Vaticano II, ninguna comunidad se construye si no tiene como raíz y centro la celebración eucarística. En este sentido, invitó a sacerdotes y laicos a vivir con mayor profundidad la misa y a promover una participación activa y consciente de los fieles.

El obispo también puso énfasis en el rol de la parroquia como comunidad eucarística y espacio de acogida, donde los fieles puedan encontrarse no solo para celebrar la fe, sino también para compartir sus alegrías, dificultades y esperanzas. Asimismo, llamó a los sacerdotes a ejercer su ministerio con cercanía, caridad pastoral y dedicación, siendo signos de unidad y testimonio vivo de Cristo.

En su mensaje, destacó además la importancia de la participación de los laicos en la vida parroquial, especialmente en el contexto actual, señalando que una Eucaristía bien vivida debe traducirse en un mayor compromiso comunitario y en acciones concretas de caridad.

De manera especial, el obispo invitó a fortalecer el acompañamiento a los adultos mayores, promover espacios de encuentro entre generaciones y fomentar la participación de los jóvenes en la vida de la Iglesia, animando a las comunidades a ser creativas en su misión evangelizadora.

Durante la misa se realizó la renovación de las promesas sacerdotales, en un momento cargado de emoción y compromiso, en el que los presbíteros reafirmaron su vocación de servicio ante Dios y el pueblo.

Esta misa se realizó en un templo repleto tanto de laicos como de consagrados, que se aprestan a vivir la Semana Santa.

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