El párroco del Santuario San Judas Tadeo de Malloa asumirá la misión de animar el proceso de sinodalidad en la diócesis, promoviendo una Iglesia de comunión, participación y caminar juntos entre sacerdotes y laicos.
La Diócesis de Rancagua continúa fortaleciendo su proceso de renovación pastoral con el nombramiento de un nuevo Coordinador de la Sinodalidad a nivel diocesano. A través del Decreto Nº 11/2026, fechado el 25 de marzo de 2026, el obispo diocesano , monseñor Guillermo Vera, designó al Pbro. Luis Antonio Piña Vargas para asumir este servicio, el cual ejercerá ad nutum Episcopi (a voluntad del obispo).
El sacerdote, actual párroco del Santuario San Judas Tadeo de Malloa, explicó que este encargo pastoral no debe entenderse simplemente como un cargo administrativo, sino como un servicio orientado a fortalecer la vida comunitaria de la Iglesia.
“Más que hablar de algo totalmente nuevo, se trata de levantar lo que ya existe en nuestras comunidades. Cuando una Iglesia se organiza, cuando caminan juntos sacerdotes y laicos, ya estamos viviendo la sinodalidad”, señaló.
En ese sentido, el nuevo coordinador indicó que uno de los principales desafíos será ayudar a profundizar el espíritu de encuentro dentro de la Iglesia, promoviendo espacios donde todos los bautizados puedan participar activamente en la vida pastoral.
“Muchas veces decimos que debemos caminar juntos, pero el desafío es hacer realidad esa expresión. La misión será ir dando pistas y acompañando para que la sinodalidad se viva concretamente en nuestras comunidades”, explicó.
El padre Piña también abordó el significado de este concepto para los fieles que aún no están familiarizados con el término. Según explicó, la sinodalidad no es una idea reciente dentro de la tradición cristiana, sino una forma de vivir la fe que tiene raíces profundas en la historia del pueblo de Dios.
“Si tuviéramos que explicarlo de manera sencilla, la sinodalidad es compartir la mesa. Cuando en una familia se dejan de lado las distracciones y se conversa sobre la vida y las experiencias, ahí ya hay sinodalidad”, afirmó.
Desde esta perspectiva, agregó que la invitación también implica una dimensión social y comunitaria. “El desafío es preguntarnos cómo compartimos la mesa con quienes no la tienen, cómo construimos comunión y participación en nuestra Iglesia y en la sociedad”.
Finalmente, el sacerdote subrayó que todo bautizado está llamado a vivir la sinodalidad, participando activamente en la misión de la Iglesia y aportando sus dones en la comunidad. “No es solo un concepto bonito; la sinodalidad es vida, es caminar juntos como Iglesia”, concluyó.

