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Vecinos de Pelequén acusan crisis ambiental: “Así no se puede vivir”.

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Malos olores, moscas y riesgo de contaminación mantienen en alerta a la comunidad de San Luis de Pelequén, que exige el cierre de una planta de residuos.

Una compleja situación ambiental denuncian vecinos del sector San Luis de Pelequén, en la comuna de Malloa, quienes acusan graves efectos en su calidad de vida producto del funcionamiento de una planta de tratamiento de residuos orgánicos instalada en la zona.

La problemática fue abordada en una entrevista telefónica con Lydia Luethe, vecina del sector y miembro de la Agrupación Desarrollo, Progreso y Medio Ambiente de Pelequén, realizada en el programa Punto de Vista de Radio Santa Cruz, conducido por Rafael Vásquez.

“Así no se puede vivir”, resume con crudeza Lydia Luethe, vecina del sector y miembro de la Agrupación Desarrollo, Progreso y Medio Ambiente de Pelequén, quien asegura que los problemas se arrastran desde hace más de una década.

Un conflicto que viene desde 2010

La problemática, según relatan los vecinos, se originó entre los años 2010 y 2011, cuando comenzaron los primeros episodios críticos.

“Han pasado años y seguimos con el mismo problema”, señala Luethe, recordando que en ese entonces los malos olores, la proliferación de moscas y el paso de camiones que derramaban residuos generaron incluso manifestaciones y cortes de ruta.

Reactivación del problema

Tras un periodo de menor actividad, la llegada de una nueva empresa reactivó el conflicto.

“Nos prometieron que ante cualquier problema cerrarían… no cumplieron”, acusa la dirigenta, apuntando a que las condiciones denunciadas en el pasado volvieron a repetirse.

Irregularidades y fiscalización

Actualmente, la situación suma nuevos antecedentes tras las fiscalizaciones realizadas por la Superintendencia del Medio Ambiente.

“Tenemos 36 páginas de irregularidades… y la empresa sigue funcionando”, afirma Luethe, advirtiendo además que existe “riesgo de contaminar las aguas subterráneas”.

Pese a ello, la empresa mantiene sus operaciones mientras se desarrolla un proceso para subsanar las observaciones detectadas.

Impacto en la vida diaria

Los vecinos describen un escenario crítico en su día a día.

“No podemos dormir… la peste es insoportable en la noche”, relata Luethe, agregando que “las moscas se tomaron nuestras casas”.

“Vivimos rodeados de moscas, es imposible hacer una vida normal”, enfatiza, apuntando a una afectación directa en la salud física y mental de las familias.

Denuncias sin respuesta

A pesar de las acciones emprendidas por la comunidad, acusan falta de respuesta de las autoridades.

“El municipio recibió cartas formales y nunca respondió”, sostiene la vecina.
“Nos piden formalidad, pero ellos no responden”, añade.

En la misma línea, cuestiona la ausencia de fiscalización efectiva: “La autoridad sabe todo, pero en terreno no ha hecho nada”.

Molestias persistentes

Otra de las principales denuncias apunta al funcionamiento diario de la planta.

“Los camiones van goteando residuos por todo Pelequén”, advierte, lo que incrementa la molestia y preocupación de los habitantes.

Exigen cierre de la planta

Frente a este escenario, la comunidad ha radicalizado su postura.

“Queremos que la empresa cierre”, afirma Luethe, asegurando que “esto no da para más”.

Incluso, apunta a la lentitud del proceso administrativo: “La burocracia está protegiendo a la empresa, no a las personas”.

Un conflicto abierto

Mientras la empresa continúa operando y las soluciones no llegan, la incertidumbre crece en la comunidad.

“La salud está en riesgo”, concluyen los vecinos, quienes insisten en la urgencia de medidas concretas para poner fin a una problemática que, aseguran, ha afectado su calidad de vida durante años.

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